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La psicóloga clínica Adriana Goñi, ganadora del premio Federico Soto a la investigación del suicidio en Navarra.

Concedido por Mª Antonia Soto y Carlos Gonzalo, hija y yerno de Federico Soto, y dotado con 3.000 euros.

La investigación titulada “Comparación de una intervención de seguimiento telefónico versus tratamiento estándar para pacientes con intento de suicidio atendidos en urgencias” ha sido galardonada con el Premio Federico Soto a la investigación del suicidio en Navarra que concede Mª Antonia Soto y Carlos Gonzalo (hija y yerno del Dr. Soto) y la Fundación Colegio de Médicos de Navarra. Su investigadora principal es la psicóloga clínica Adriana Goñi Sarriés, en la actualidad directora del Hospital de Día Psicogeriátrico de la Red de Salud Mental del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea.

La concesión del Premio, dotado con 3.000 euros, ha reunido en el Colegio de Médicos de Navarra, a familiares del Dr. Federico Soto que, junto con la Fundación Colegio de Médicos, han instituído este Premio para honrar la figura del ilustre neuro-psiquiatra y psicólogo, que fue durante 42 años director del Hospital Psiquiátrico de Pamplona.

La hija mayor del Dr. Soto, María Antonia Soto Carasa, enfermera de profesión, junto con su marido, Carlos Gonzalo Guisande, médico, han querido mantener su memoria promoviendo este premio destinado a la investigación sobre el suicidio, uno de los temas que preocupó y sobre el que investigó quien puede considerarse una de las grandes personalidades psiquiátricas en España. Por eso, el premio lleva su nombre, Premio Federido Soto.

Sobre la investigación premiada

Adriana Goñi, tras recibir el premio, definió al Dr. Federico Soto como “la persona clave para entender la historia de la Salud Mental en Navarra” y agradeció a la familia y a la Fundación Colegio de Médicos la convocatoria de este galardón en torno al suicidio, “un tema complejo y difícil, que me consta generó en el Dr. Soto malestar y preocupación a lo largo de sus años de carrera profesional. Sensaciones que, sin duda, las sentimos todos cuando nos acercamos a este drama, ya sea por motivos laborales, de investigación o porque hemos sido víctimas cercanas”.

Explicó que el objetivo de la investigación premiada es “evaluar la efectividad de una intervención telefónica sistemática, estructurada y breve que pretende reducir la repetición de la conducta suicida, favorecer la adherencia terapéutica al sistema sanitario y contribuir a la reducción de la tasa de suicidio”.

La investigación, ya en marcha, pretende, además, comparar los resultados de una intervención estructurada y protocolizada con la intervención habitual, “ya que puede conllevar importantes implicaciones terapéuticas y decisions clínicas que mejoren el tratamiento actual de la conducta suicida y favorecer la continuidad asistencial entre el ámbito hospitalario y el ambulatorio, intentando que las transiciones se hagan sin rupturas”.

En este proyecto, liderado por Adriana Goñi, participan como colaboradores José Javier López-Goñi, professor de la Universidad Pública de Navarra; Leire Azcárate, psicóloga clínica de la Red de Salud Mental de Navarra; y Rocío Palacio, enfermera especialista en Salud Mental y responsable del programa telefónico.

 

Metodología de la investigación

La investigación se propone a todos los pacientes, mayores de 18 años, atendidos en los servicios de urgencia de psiquiatria hospitalaria en Navarra por un intento de suicidio. La participación es voluntaria y se recoge mediante Consentimiento Informado.

El programa de intervención telefónica lo hace una enfermera especialista en Salud Mental, que realiza seis llamadas a lo largo de un año (a partir de la atención en urgencias), y con una cadencia estructurada. Cada llamada está protocolizada y se registran los cambios en el estado psicopatológico, la ideación o intencionalidad suicida, si ha habido repetición del intento, estresores psicosociales nuevos o persistentes, entre otros datos. Además de coordinar la adherencia terapéutica en los Centros de Salud Mental. “Cuando analicemos los resultados tenemos expectativas de que se derive un mejor conocimiento clínico de esta problemática tan prevalente, en una práctica clínica más individualizada y que los pacientes sean los máximos beneficiados”, concluyó Adriana Goñi.

Prevención del suicidio, reto en salud pública

Según Adriana Goñi, “actualmente la prevención de la conducta suicida es un reto en salud pública. Los servicios de urgencias son, a menudo, el primer lugar de contacto para personas con conductas suicidas. Se trata de una urgencia de primera magnitud, por lo que estos servicios juegan un papel fundamental en la valoración, tratamiento e indicación del plan terapéutico a seguir“.

Desde una perspectiva clínica, está demostrado –explica la investigadora principal- que el periodo posterior a la atención en urgencias es de gran riesgo para la repetición del suicidio. “Intervenciones que conlleven un seguimiento al alta de urgencias mediante contactos breves telefónicos, han demostrado una reducción de reintentos posteriores (aunque según un estudio español no se mantuvo a los 5 años)”. Otras opciones como el uso de mails, tarjetas de crisis, tarjetas postales o aplicaciones de smartphone también pueden disminuir el riesgo.

Adriana Goñi considera que “la incorporación de planes individuales de seguridad, además de un seguimiento telefónico estructurado, arrojan buenos resultados en contraposición a los llamados contratos no-suicidio que han resultado poco eficaces”.

La investigación premiada está alineada con un reto actual de la política sanitaria, la prevención del suicidio. “Los resultados contribuirán a la coordinación y la continuidad asistencial entre el ámbito hospitalario y el ambulatorio. El conocimiento clínico que se derive de los resultados se dirigirá, en primer lugar, a los pacientes como máximos beneficiados. Asimismo redundará en una práctica clínica más individualizada y con una estrategia terapéutica fácilmente extensible a toda la Comunidad de Navarra, sostenible y eficaz”, concluye Adriana Goñi.

Breve curriculum de Adriana Goñi

Adriana Goñi Sarriés es psicóloga clínica y, desde el año 2016, directora del Hospital de Día Psicogeriátrico de la Red de Salud Mental del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea.

Ha desarrollado su labor professional en la  Fundación Argibide (1992-1998) y, posteriormente, en la Red de Salud Mental de Navarra como psicóloga clínica en el Centro de Día Psicogeriátrico para la Atención de las Demencias (1998-2002), en los centros de Salud Mental de San Juan, Estella y Rochapea, y en el Centro Psicogeriátrico “San Francisco Javier”. Ha sido Jefa del Servicio del Área de Atención Comunitaria y Centros de Salud Mental de la Dirección de Salud Mental del Servicio Navarro de Salud (2010-2015).

En memoria de Don Federico Soto

El presidente Del Colegio de Médicos de Navarra, Dr. Rafael Teijeira, glosó la figura de Don Federico Soto Yarritu, médico neuro-psiquiatra y psicólogo, director del Hospital Psiquiátrico de Pamplona durante 42 años (desde 1934 hasta su jubilación en el año 1976). “Solo esto es motivo suficiente para ocupar un lugar privilegiado en la historia de la psiquiatría en Navarra”, subrayó el Dr. Teijeira.

Pero a su currículum hay que añadir varios méritos más, como el de ser profesor de Piscología Médica y Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y médico consultor en la Clínica Universidad de Navarra. A ello hay que sumar diferentes proyectos que impulsó y que hoy están ya consolidados, como el Instituto de Psicología Aplicada y Psicotecnia de Navarra, el centro Isterria, lo que hoy es Anfas, y Alcohólicos Anónimos, entre otros.

Federico Soto Yarritu nació en Santander, el 7 de enero de 1906. Su padre era dentista, pero él eligió el camino de la Psiquiatría. Estudió Medicina en Madrid y de allí pasó a cursar la especialidad de Neuropsiquiatría en la Casa de Salud Valdecilla, en Santander, donde se formó y trabajó con el doctor José María Aldama.

En 1934 accedió por oposición a la plaza del Hospital Psiquiátrico de Pamplona, entonces llamado Manicomio, localizado en una Chantrea, entonces, en las afueras de la ciudad. Fijó su residencia, tal como recogía el reglamento correspondiente, en el recinto del mismo hospital. Se quedó ya para siempre en Pamplona, ciudad donde ejerció su profesión hasta su fallecimiento en 1989, a pesar de haber tenido posibilidades de trabjar en otros centros. Casado con María Antonia Carasa, el matrimonio tuvo diez hijos, de los que viven ocho.

 

Su profesionalidad saltó las fronteras de Navarra

 

Cuando llegó al Manicomio, El Centro contaba con 1.300 enfermos, repartidos en distintos pabellones. Como director del centro, introdujo diferentes novedades, como la adquisición en 1954 del primer equipo de electroencefalografía, para lo que envío a Madrid a su colaborador, amigo y sucesor en la dirección del psiquiátrico, Luis Javier Lizarraga, para que aprendiera su funcionamiento. Fue así uno de los pioneros en la utilización de la electroencefalografía. En el centro también incorporó los talleres ocupacionales y la laborterapia. Su profesionalidad saltó las fronteras de Navarra y enfermos de otras provincias acudían a Pamplona a su consulta externa atraídos por su fama y por su personalidad.

Entre otros cargos, Soto Yarritu presidió la Sociedad Española de Neuropsiquiatría y la Asociación Internacional para el Análisis del Destino; fue vocal del Consejo Rector del Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica, así como vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Infantil y Premio Nacional de Psicología. Tradujo del alemán autores como Platner y Tournier. Pero su estudio se centró fundamentalmente en el húngaro Leopold Szondi (1893-1986), de quien fue discípulo directo, con quien mantuvo una estrecha relación y al que visitó con frecuencia hasta el final de sus días en su casa de Zurich. Tradujo del alemán las principales obras de su admirado y gran amigo Szondi. Y, en consonancia con sus ideas, escribió “El destino humano como problema científico” (1953). Federico Soto Yarritu se mantuvo activo en su trabajo hasta el final, hasta el punto de que la muerte le sorprendió cuando estaba estudiando ruso para traducir a Dostoiewski, de quien le interesaba elaborar su árbol genealógico para estudiar y comprender la personalidad del escritor. Soto Yarritu impartió numerosas conferencias y participó en distintos congresos en diferentes lugares de Europa, ya que fue un profesional reconocido nacional e internacionalmente.

Finalmente, el presidente del Colegio de Médicos de Navarra subrayó que “de todas sus actividades, con lo que este montañés convertido en navarro se sentía feliz era con sus enfermos, a quien nunca llamó locos” y recordó que su amigo y psicólogo José Ramón Loitegui, que fue director del servicio de formación del INAP y colaboró estrechamente con Soto en el Instituto de Psicología, le definió en su día como hombre inteligente, culto, amable, cordial, irónico, chispeante, peculiar, original, sorprendente, elegante, pulcro, intuitivo, inquieto, curioso, entre otros adjetivos.

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