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Medicina del deporte y CGCOM publican un documento sobre “Reconocimientos médicos para la aptitud deportiva” en el contexto de COVID-19.

La Sociedad Española de Medicina del Deporte (Semed-Femede) y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM) enviaron a las federaciones deportivas nacionales el documento ‘Reconocimientos médicos para la aptitud deportiva’ dirigido a médicos y responsables federativos, recordando la importancia de seguir estrictamente las medidas de prevención.

Los especialistas médicos, en el documento, siguen insistiendo en la adopción de medidas preventivas para evitar males mayores.

Ambas organizaciones detectan que “se tiene la sensación de que la gravedad de esta enfermedad se ha superado y que se puede reiniciar una vida normal» y recuerdan que se contabilizan “cerca de 30.000 fallecimientos, decenas de miles de personas que se han infectado, entre ellos 50 000 sanitarios y miles de personas que han pasado por las unidades de cuidados intensivos tras permanecer unas tres semanas ingresados, en situación de extrema gravedad y que han sido dados de alta con importantes y desconocidas secuelas”.

“Sin pretender alarmar, pero mucho menos banalizar», precisa la Semed, “hay una firme sospecha de que habrá nuevas oleadas de la enfermedad, especialmente si no se mantienen las medidas de seguridad por todos sobradamente conocidas, de hecho, ya ha habido varios episodios de contagios numerosos, alguno de ellos afectando al ámbito deportivo”.

El virus SARS-CoV2, conocido como COVID-19, tiene una puerta de entrada por el sistema respiratorio donde provoca un trastorno estructural e inicia una respuesta inflamatoria en individuos sensibles a la infección. En estos pacientes, en los que la enfermedad puede ser severa, el proceso inflamatorio en el sistema cardiovascular y respiratorio se afectan de forma predominante. Así, se ha descrito una prevalencia de hasta el 28% de lesión miocárdica, definida por el aumento de los niveles de troponina cardiaca, en personas que han padecido gravemente la enfermedad.

Se desconoce la prevalencia y extensión de las posibles alteraciones estructurales y la implicación del proceso inflamatorio ocasionado por el virus en personas que han padecido la enfermedad de forma leve o que han sido asintomáticos.
En ese sentido es importante entender que es necesario identificar la incidencia de inflamación miocárdica silenciosa que puede persistir mucho tiempo después de la resolución de la infección, situación que puede afectar de manera específica e incierta a los deportistas al reanudar los entrenamientos y la competición. Por otra parte, la denudación del epitelio respiratorio y su reestructuración conformarán posibles respuestas inespecíficas de ese sistema que se deberán entender y vigilar, sobre todo, en aquellos deportistas con una cierta hiperreactividad bronquial, alergia, asma, o lesión del tejido pulmonar de otros orígenes. También, el trastorno de hipercoagulabilidad en aquellos que han estado enfermos puede tener trascendencia en la realización de ejercicio o en la génesis de una lesión por afectación de la microvasculatura en cualquier región anatómica en el deportista. Por último, todas las viriasis, y muchas infecciones sistémicas de origen bacteriano, se acompañan de un periodo de astenia postinfecciosa que debe identificarse y caracterizarse de forma adecuada para orientar el tratamiento correcto en el individuo afecto.
Por todo ello, es necesario efectuar recomendaciones a los facultativos encargados del cuidado de la salud de los deportistas en los siguientes términos:
1. Es necesario realizar un reconocimiento médico para la aptitud deportiva antes del reinicio de la práctica deportiva en todos los deportistas, e inexcusablemente, en aquellos que hayan padecido la enfermedad en cualquiera de sus grados de afectación: desde los asintomáticos hasta los que han padecido las formas más graves de la enfermedad.
2. Se debe prestar especial atención a la posible afectación cardiaca, secuela de la enfermedad, mediante anamnesis dirigida específicamente a esta afectación, investigando la existencia de síntomas sugerentes como dolor/opresión torácica (incluso en ausencia de fiebre y síntomas respiratorios), palpitaciones, intolerancia al ejercicio, frecuencia cardíaca exagerada, sobre todo en la recuperación postesfuerzo, o fatiga fuera de habitual con autopercepción de recuperación del esfuerzo fuera de lo normal.
3. Se debe realizar exploración cardiovascular, con auscultación, toma de tensión arterial y electrocardiograma (ECG) de reposo.
4. En caso de que haya hallazgos de afectación miocárdica, detectados por síntomas cardiovasculares, modificación del ECG respecto al anterior o aparición de las alteraciones electrocardiográficas que se describen en la tabla 1, hay que realizar ecocardiografía y ECG de esfuerzo, hay que consultar con cardiólogo del deporte y hay que hacer una evaluación clínica integral.
5. En el caso de deportistas con antecedentes de enfermedad moderada o grave (que ha sido hospitalizados) relacionados con COVID-19 confirmado o sospechado es más probable la afectación miocárdica. En ellos, antes del reinicio deportivo, es necesaria una valoración integral con cardiólogo del deporte, con determinación de troponina cardiaca de alta sensibilidad y péptido natriurético, ECG de reposo, ecocardiografía, ECG de esfuerzo y Holter de ECG. Si se sospecha clínica de lesión miocárdica es recomendable realizar resonancia magnética cardíaca.
6. En el caso de deportistas con antecedentes de infección por COVID-19 (independientemente de la gravedad) y con afectación miocárdica según uno o más de los siguientes signos: cambios sugestivos de trastorno estructural o eléctrico en el ECG, elevación de troponina o péptido natriurético, arritmia o insuficiencia cardíaca, su reincorporación al entrenamiento deberá ser gradual y bajo la supervisión de un cardiólogo y deberá considerarse después de 6 meses desde la desaparición de signos clínicos. Es posible que se requiera un seguimiento longitudinal que incluya imágenes cardíacas en serie en deportistas con una función cardíaca inicialmente anormal. En este grupo de pacientes es necesaria una valuación exhaustiva antes de regresar al deporte con cardiólogo  del deporte, con determinación de troponina cardiaca de alta sensibilidad y péptido natriurético, ECG, ecocardiografía, ECG de esfuerzo, holter de ECG y resonancia magnética cardiaca.
7. En la revisión se deben de historiar los antecedentes de patologías respiratorias que se acompañen de hiperreactividad bronquial o favorezcan la presencia de signos o síntomas respiratorios como el asma, las alergias, la sensibilidad a la polución, etc. La razón es estar pendientes de la posible aparición o agravamiento de síntomas que estaban controlados. También es importante prestar atención a las posibles secuelas respiratorias que pueden estar asociadas a la alteración del parénquima pulmonar por la infección, como son la denudación alveolar, la restructuración vascular o las microtromboembolias, mediante una adecuada anamnesis, y las  pruebas de función pulmonar necesarias en los casos de sospecha. Por este orden: prueba de esfuerzo mediante valoración de intercambio de gases por calorimetría indirecta, con monitorización cardíaca y pulsioximetría y ecografía torácica, capacidad de difusión pulmonar (DLCO), gammagrafía pulmonar de ventilación perfusión.
8. Ante el desconocimiento que se tiene de las secuelas de la enfermedad, habrá que ir incorporando elementos de diagnóstico en función de futuros hallazgos, recordando que se han informado secuelas neurológicas y del aparato locomotor.

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